Cubiertas plásticas: también son una alternativa ante olas de calor

Altísimas temperaturas han afectados los valles productores en las últimas semanas. Entre las recomendaciones para enfrentar este fenómeno está la de proteger los frutales más sensibles al sol, como kiwis, manzanas o guindas. ¿Cómo hacerlo? La Fundación para la Innovación Agraria está apostando por las cubiertas plásticas.
El alza sostenida de las temperaturas plantea un importante desafío a los agricultores, quienes hoy se ven obligados a implementar sistemas y soluciones tecnológicas para hacer frente a estos fenómenos climáticos, las que tienen su opuesto en las lluvias extemporáneas, una de las amenazas más peligrosas para los frutales. “Un clima inestable puede provocar cambios en la frecuencia, intensidad, extensión espacial, duración y temporalidad de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, los que pueden llegar a tener dimensiones sin precedentes”, comenta Francisco Meza, investigador del Centro de Estudios de Cambio Climático de la Pontificia Universidad Católica.
Vides y frutales como cerezos y arándanos, son algunas de las especies que han resultado más dañadas por este fenómeno, generando un impacto que sólo en la última temporada significó un 30% de pérdidas. Sin duda un gran golpe financiero para el sector.
Una de las soluciones que hasta el momento ha sido más efectiva, es el uso de cubiertas plásticas, las que no sólo han prestado protección a los daños asociados a las lluvias, sino que en algunos casos han demostrado ser efectivas para mejorar la calidad de la producción.
Distintas a los invernaderos –que permiten el control parcial o total de variables como temperatura y luminosidad y que son usados para cultivar especies fuera de temporada o en climas muy fríos– las cubiertas son una solución más simple y que se está introduciendo en distintas variantes según las necesidades de cada frutal.
Según estimaciones del INIA, la instalación de cubiertas tiene un costo promedio de US$20.000 por hectárea. Con una vida útil de aproximadamente cuatro años, esto equivale a una inversión anual de aproximadamente US$ 5.000 por hectárea, lo cual resulta restrictivo para muchos productores. No obstante, empresas como Subsole, y agencias del Ministerio de Agricultura como FIA e INIA, están invirtiendo esfuerzos en desarrollar investigación e innovaciones que permitan sistematizar los efectos de esta tecnología.
Gabriel Sellés es uno de los investigadores de INIA que ha estudiado su uso en vides, quien explica que “una de las potencialidades de modificar el microclima mediante el uso de cubiertas es la disminución del agua, que podría llegar a un 30%”, detalla.

 

 

Una variedad, distintos beneficios
Algunas de las mejoras que se han probado en la experiencia chilena es la reducción de las pérdidas de calor, lo que favorece una maduración temprana. “Las cubiertas permiten disminuir el rango de transmisión en radiación de onda larga y otorgan alta transmisión de radiación fotosintéticamente activa, lo que mejora el potencial de fotosíntesis”, según explica Gabriel Marfán, gerente de Desarrollo de Subsole. Otra de sus potencialidades, además de la optimización del recurso agua y la posibilidad de adelantar o retrasar el proceso de maduración, es que se ha observado su influencia en la apariencia de la fruta, lo que tiene un impacto económico muy positivo para los productores.
Se estima que hoy hay unas 400 hectáreas de frutales cultivados bajo distintos tipos de cubierta, pero aún hay mucho que explorar. “Variables como la temperatura, la altura o la influencia de la radiación son determinantes y específicas para cada frutal, por lo que aún hay muchos factores, como la polinización, el diseño o la sustentabilidad asociada al impacto ambiental del plástico, que nuestra fundación está apostando por estudiar y sistematizar”, explica Soledad Hidalgo, jefa de Desarrollo Estratégico de FIA. Un caso interesante es el de los arándanos, que hoy están siendo estudiados bajo distintos tipos de cubierta: mallas, plásticos y túneles. Estas tres modalidades tienen objetivos distintos, según explica Pilar Bañados, académica de la Pontificia Universidad Católica y gerente de I+D de Hortifrut. “Las mallas protegen del impacto de la radiación y los golpes de calor, mientras que los túneles plásticos adelantan la cosecha, protegen de la lluvia y las posteriores pudriciones, así como de las heladas, pero afectan el desarrollo y crecimiento de las plantas”, detalla. Asimismo, distintos tipos de plástico cumplen diferentes objetivos. Distintos grados de luminosidad, presencia de filtro UV y capacidad de difusión de la luz y condensación de la humedad son posibles de combinar gracias a las ofertas del mercado y que se adecuan a las distintas necesidades según el lugar de cultivo. “Probablemente la masificación de las cubiertas podrá ampliar las áreas de cultivo hacia la zona sur, permitiendo el cultivo de frutales de clima templado”, proyecta Sellés ante la pregunta sobre el futuro de su aplicación, “sin embargo, no creo que se avance hacia que todos los frutales se cultiven bajo cubierta, porque no todas las producciones pueden pagar esta inversión”, finaliza.

 

Innovación para el liderazgo
Al día de hoy, Chile lidera la exportación frutícola del hemisferio sur. 7800 productores, 747 empresas exportadoras y más de 30 especies de frutas son exportadas por nuestro país a más de 100 países del mundo, según datos recogidos en el estudio FIA “La fruticultura chilena al 2030. Principales desafíos tecnológicos para mejorar su competitividad”. “Para mantener este liderazgo, es requisito que Chile incorpore tecnología e innovación en sus procesos productivos”, explica Soledad Hidalgo. “Si bien las coberturas han sido utilizadas con éxito en países europeos, la experiencia chilena aún es incipiente y tiene un gran campo por explorar”.

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