EDITORIAL: Camilo Henríquez y la voz de la libertad

Luis Fernando González, Sub Director

 

 

“Vosotros no sois esclavos: ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre, espontánea y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Más no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres […] Estaba, pues, escrito, ¡oh pueblos! en los libros de los eternos destinos, que fueseis libres y venturosos por la influencia de una Constitución vigorosa y un código de leyes sabias; que tuvieseis un tiempo, como lo han tenido y tendrán todas las naciones, de esplendor y de grandeza; que ocupaseis un lugar ilustre en la historia del mundo, y que se dijese algún día: la República, la potencia de Chile, la majestad del pueblo chileno”. Ésta es parte de la proclama escrita por Fray Camilo Henríquez en 1811. El futuro director de la Aurora de Chile se convertía en una de las primeras voces en hablar de libertad e independencia.
En Chile ya había una Junta Nacional de Gobierno, creada el 18 de septiembre de 1810. Pero el objetivo era preservar el reino para su majestad Fernando VII y no era aún la independencia el norte a seguir. Poco después, al asumir José Miguel Carrera el poder, tras un golpe de estado, la idea comienza a tomar forma. Si bien faltaba mucho para la democracia, por lo menos se habla abiertamente de autodeterminación y es la Aurora de Chile, nuestro primer periódico, la voz que difunde las bondades del voto.
Así en febrero de 1812, de este objetivo informativo, igualitario y, por qué no político, nace el periodismo en Chile. Eso hace más de 200 años.
Con el correr de los tiempos, este nobel oficio al servicio de las ideas, el periodismo, se profesionaliza. Al hacerse universal la revolucionaria idea del voto, se hace indispensable el estar informado y así, responsablemente, tomar decisiones que afectarán el devenir de toda una nación. Aparecen nuevos medios, primero la radio y luego la televisión. Pero si bien la forma de hacer periodismo cambia, la esencia sigue siendo la misma. La de informar libre y objetivamente sobre el acontecer.
Hoy, con internet y las redes sociales, parece que nuevamente la forma de hacer periodismo está cambiando. A las exigencias de objetividad y veracidad se suma la de inmediatez. Pero las normas éticas siguen siendo las mismas para 140 caracteres que para el titular de portada. No quiere decir que no nos equivoquemos, pero la intención debe ser siempre la de informar y rectificar, cuando por la premura del tiempo un error se cometa.

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