Eulalia Pichicofque: La historia de la cacica de Malloa

-Escondida entre los juicios del Chile colonial estaba la historia de esta mujer  que lideró una de las pocas rebeliones indígenas del siglo XVIII en nuestra región. Diversos investigadores de la Universidad de Chile han tomado su ejemplo como uno de los pocos relatos que hacen justicia con el rol preponderante de las mujeres aborígenes.
Irene Padilla
Imágenes: Gentileza UChile Indígena

 

En añosos papeles de la Real Audiencia, que hoy se conservan en el Archivo Nacional de Santiago, está el relato completo del juicio seguido en 1763 contra una cacica llamada María Eulalia Pichicofque, quien lideró una de las pocas rebeliones acaecidas en  Chile central durante la colonia. María Eulalia pertenecía a un linaje de caciques que por tradición habían encabezado el Pueblo de Indios de Malloa, una de las pocas localidades mapuches donde la corona española permitía que fueran los indios quienes administraran los terrenos.

María Eulalia  recibió el cacicazgo de manos de su hermano Joseph, quien en 1758 abandonó Malloa junto a su familia, rumbo a Santiago. La nueva cacica de este modo asume la responsabilidad, no solo de cuidar de su gente, sino también de defender los terrenos que la propia ley española había prometido no tocar. La situación de su localidad era dramática: si a principios del siglo XVIII el cacicazgo de Malloa poseía 1.600 hectáreas,  para el año en que Eulalia asume la jefatura, sus tierras  llegaban con suerte a 400 hectáreas. La cacica debe enfrentar de manera constante las presiones de los hacendados españoles quienes, sin ningún tipo de control, quitaban tierras a los indios para adjudicarlas a su patrimonio.

En este contexto María Eulalia comienza  la difícil misión de defender  a su gente, en base a las propias leyes españolas, exigiendo que los encomenderos respeten los acuerdos y  no se metan con sus tierras, ni traten de trasladar a su pueblo  hasta otras lejanas comunidades. Se dice que Eulalia sabía leer y escribir y que de su puño y letra defendió sus intereses, y acusó a los españoles de no dejarla “levantar la Iglesia del pueblo”, misión que le correspondía como líder del lugar. En una primera instancia, Eulalia resultó triunfante y la Real Audiencia ordenó respetar los terrenos del Pueblo de Indios de Malloa destituyendo al entonces  administrador de Indios, Domingo Pacheco. El cargo lo asumirá Gabriel Doñabeitia, un encomendero  quien de manera enconada trató de destituir a la cacica.

Los roces entre españoles e indígenas aumentaron con un  espiral de violencia que  terminó una noche de noviembre de 1763 en un levantamiento,  donde María Eulalia fue la jefa guerrera. Una decena de hombres habrían participado junto a ella en la quema de la hacienda de Doñabeitia que incluyó “una ramada y cinco casas”. La rebelión terminó mal. María Eulalia fue juzgada y enviada a una cárcel de mujeres  en Santiago, mientras que los hombres que la acompañaron, que incluían a sus hijos, fueron humillados en público y exiliados. En ese punto, la historia de Eulalia se pierde, para que 20 años después, el cacicazgo de Malloa fuera destruido por completo  y conquistado para siempre.

Ángel Cabezas, arqueólogo de la Universidad de Chile fue el primero en publicar un estudio del Cacicazgo de Malloa en el año 1983 donde se destaca la historia de María Eulalia Pichicofque. Según el especialista, el juicio de la cacica, que se conserva en el Archivo Nacional, es un legado invaluable para la historia chilena. “El archivo tiene guardados los juicios de la colonia española en contra de esta mujer, quien fue promaucae de los indígenas de Chile central, quien resistió y lideró este cacicazgo defendiendo los intereses de su comunidad ante los hacendados de la zona que los arrinconaban y achicaban sus tierras. Ella fue capturada con parte de su comunidad. Dos hombres que actuaron con ella fueron paseados por Santiago envueltos con cadenas y posteriormente exiliados a Juan Fernández y ella  fue recluida en la Casa de las Recogidas, esta es  una historia muy interesante, que no es parte de la historia oficial”.

Cabezas, quien hoy dirige el Archivo Nacional indica que la historia de Eulalia, termina con el juicio, pero que sin embargo, es posible que en algún lugar oculto de los archivos se encuentre un manuscrito que nos diga qué pasó, o como terminó sus días esta heroína regional.

 

HISTORIA INJUSTA CON LAS  MUJERES

Claudio Millacura es académico de la  Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y forma parte del equipo de UChile Indígena, un programa del plantel que busca reivindicar el protagonismo de los pueblos ancestrales chilenos a través de diversas herramientas, entre ellas cortometrajes animados, uno de los cuales cuenta la historia de Eulalia Pichicofque.

Millacura explica que este personaje fue escogido porque simboliza aquellas crónicas femeninas perdidas en los archivos de nuestro país. “La elegimos porque tenemos plena conciencia que la historia ha sido muy injusta con las mujeres. A partir de historias como la de Eulalia queríamos inducir a que las personas que veían esas animaciones se plantearan qué pasa con las mujeres  de la historia. Hay un montón de preguntas que apuntan a  una afirmación que nosotros tenemos que es  que las mujeres no aparecen en la historia. Este trabajo se da en un contexto donde queremos recuperar la originalidad, un pasado que es mucho más grande y amplio que aquello que nos dice la historia oficial”.

Respecto al rol de jefa o de cacique de Eulalia Pichicofque, el profesor Millacura indica  que este podría haber sido un papel asumido de manera natural dentro de los pueblos promaucaes. “Quizás hay muchas otras mujeres  que cumplieron con el rol de jefa o de cacique pero simplemente no tuvieron la dignidad de pasar al texto. Conocemos su historia porque enfrentó un proceso judicial, primero porque querían las tierras en un contexto que decía  que los indígenas eran  súbditos de la Corona y no podían ser trasladados contra su voluntad a diferentes lugares.  En el relato nos podemos dar cuenta primero que las mujeres podían tomar cargos de líderes. Su hermano no quiere ser cacique y ella asume dos cosas  que llaman la atención, primero, que las mujeres pueden ser caciques, y segundo, que los hombres podían renunciar  a esa determinación”.

Finalmente, Claudio Millacura sostiene que recoger estas historias escondidas del pasado harán que los chilenos comencemos a reescribir una historia donde las mujeres y los indígenas fueron prácticamente eliminados de sus páginas. “Hay una diferencia entre historia e historiografía. La historia es todo  lo oral, y la historiografía es lo escrito. La mayoría de las historias que tienen que ver con pueblos indígenas es parte de lo oral, el que nosotros tengamos  pocas evidencias de la existencia de personajes como Eulalia Pichicofque, tiene que ver  más con que hay pocas historias que tome la historiografía y las conviertan en texto. Hay una serie de fuerzas y personajes que lamentablemente la historiografía  no ha tomado en cuenta y nos quedamos con las figuras de bronce que están en las plazas, y si uno hace un recuento rápido de cuáles son esas  figuras nos damos cuenta que las mujeres no aparecen, y uno puede decir que la historia es muy machista, misógina o injusta con el rol de las mujeres, porque tenemos evidencias de que las mujeres tenían un rol mucho más activo”, concluye el experto.

 

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