Una Sociedad sin Madre; una sociedad sin alma

Mauricio Donoso Arellano

 

 

Una Madre no solamente es ese ser biológico a través del cual se nos entrega el don de la vida, sino que también tiene un papel importante en el desarrollo de nuestro cuerpo y también de nuestra alma.
Ella imprime en nosotros las características blandas de nuestra existencia, como la sensibilidad, solidaridad y piedad y también las que le dan solidez a nuestra personalidad como la fortaleza y templanza; cualidades importantes en la construcción de hombres y mujeres completos, dispuestos a ser un aporte positivo y constructivo a la sociedad.
Ella además, por el lugar que ocupa en nuestra vida, tiene un papel importantísimo en el desarrollo de nuestra “autoestima”, la que nos ayuda a valorarnos a nosotros mismos y a creernos ser siempre capaces de llegar donde nos propongamos y así conseguir lo que queramos. Lo anterior no quiere decir que esos valores no puedan ser entregados al niño o niña por otra persona, pero la solidez y profundidad, o el arraigo que podrán tener en la vida del ser humano, se logrará en toda su dimensión si es de la Madre de la cual lo reciben.
Es por eso que es tan importante hoy resguardar y proteger el lugar que ocupa ella en la familia y sociedad, ya que una sociedad sin madre es una sociedad sin alma. Hoy en nuestro país como en mucho otros del mundo se ha relegado la labor formadora de la mujer, a una labor sustentadora y más aún se ha pretendido denigrar la vocación maternal como “opacadora” de la dignidad femenina, la cual quiere estar por sobre el hombre, cuando es precisamente su función de madre la que la pone a la cabeza de nuestra especie.
Las naciones hoy se desgastan en dar solución al alcoholismo, droga, suicidios, asesinatos, delincuencia y muchos otros males que corroen a la sociedad y no se dan cuenta que la solución a sus males está más cerca que multiplicar leyes de igualdad o de identidad; está en fortalecer y en resguardar la función progenitora y educadora de la mujer como pilar fundamental de la sociedad y garante de los valores que nos sustentan y nos dignifican como seres humanos.
Es por eso que si queremos dignificar nuestra sociedad y ser garantes de un futuro mejor, que el presente que vivimos, debemos volver nuestra mirada, como civilización y como hombres hacia aquella persona que nos trasmite algo que va más allá de la vida, la dignidad del ser humano en todo su esplendor.

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