Si no querían jugar, podrían haber avisado

En el día de la madre, muchos, cientos, miles de rancagüinos, sacrificaron la jornada para acompañar a O’Higgins. Más de alguno tuvo una pequeña pelea o conflicto para dejar a la “vieja” sin el almuerzo de festejo o la once de celebración con la madre de sus hijos. Todo para asistir al Teniente y acompañar a la celeste, en un crucial partido, que incluso lo acercaba al título, o al segundo puesto del torneo al menos.

Sin embargo, lo que presenciamos fue un desgano, casi insultante e irrespetuoso, con aquellos que postergaron a la mujer más relevante en nuestras vidas.
Lo exhibido fue sinceramente, una demostración que este equipo no quería jugar y que el ánimo se había quedado en el Monasterio.
Frente a la U, salvo la garra de Calandria, el desgaste de Márquez y el empuje de Acevedo, sólo se pudo percibir la falta de personalidad, el poco amor propio y el escaso cariño por la camiseta, que los mantiene en un confort superior a la media nacional e internacional (Arán tampoco fue capaz de mover piezas y buscar variantes).
Falta látigo, rigor y dureza. Nos acostumbramos a la comodidad y la poca crítica del medio local. Por hacernos “nanai”, terminamos fundiendo a jugadores que podían ser grandes aportes.
Ni el sol que apareció, sin ser invitado, iluminó una tarde en la que dejamos solas a nuestras madres. Si no querían jugar, podrían haber avisado. Falta un remezón mayor, no nos gusta que celebren en la cara. Si eso a “algunos” les da lo mismo, a otros no.

 

 
Manuel Polgatiz Cádiz
Periodista y Comentarista Deportivo

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