Histórico

“Causa risa el que se siempre  se equivoca en la misma nota”.  (Horacio)

 

 

El escasísimo vocabulario que aqueja a nuestro castellano-chileno, de capitán a paje, hace que además de afear nuestro discurso con anglicismos, “expertise”, por ejemplo, abusemos de adjetivos y adverbios en forma escandalosa. Dijo uno de nuestros literatos que “el adjetivo cuando no da vida, mata”. Hace tiempo que viene sucediendo esto con el adjetivo “histórico”, es decir “digno de formar parte de la Historia”. Ahora bien, como es evidente, un acontecimiento “digno” de integrarse a la Historia no siempre será positivo, feliz, ejemplar, admirable. La Historia está atiborrada de sucesos abyectos, de genocidios, de guerras, de fenómenos telúricos fatales para miles de hombres y de hombres que dejaron sus nombres en las crónicas y anales como perpetuo paradigma de todo tipo de aberraciones.
A propósito del fallo por el aborto en tres causales, los miembros del Tribunal Constitucional estiman que “Es una sentencia histórica”. Claro que lo es. Desgraciadamente, es un paso en falso. La autoridad, en nombre del pluralismo, de la modernidad y de otras teorías, se salta, una vez más, la ley natural y con apoyo, incluso de quienes se autodefinen como cristianos, no trepida en abrir las puertas a un aborto con apellidos tramposos; “en tres causales”. Como el escorpión trae ésta despenalización el veneno en la cola. (In cauda venenum).
Hemos de tener presente, eso sí, que esta “sentencia histórica”, como todo acontecimiento que se precie de tal, tiene sus antecedentes. Hace 49 años el Beato Pablo VI, en su Encíclica “Humanae Vitae” (25 de julio de 1968) condenaba toda forma de anticoncepción. Incluso en ámbitos clericales se juzgó esta encíclica como una equivocación. El papa, se dijo, obstaculizaba la entrada de la Iglesia al mundo moderno. No obstante, Pablo VI hacía sus predicciones: 1.- La anticoncepción incidirá en la infidelidad conyugal. 2.- Se produciría un descenso general de la moral especialmente entre jóvenes. 3.- Los maridos considerarían a sus esposas como objetos sexuales. 4.- Los gobiernos inducirían a acatar programas de control de la natalidad. En 1991, a poco más de veinte años de la Humanae Vitae, el Cardenal Carlos Oviedo, arzobispo de Santiago lamentaba que en Chile ya se hubiera presentado un proyecto de ley de divorcio , (de hecho se aprobó, como es sabido) que empeoró “las convivencias de facto” y “la promiscuidad sexual”. (Card. Oviedo: Moral, Juventud y Sociedad permisiva. 24-sept.-1991.) Al cumplirse 40 años de la encíclica de Pablo VI, el escritor Jorge Peña, en “El Mercurio”, señalaba que el Pontífice había sido profético: “el porcentaje de divorcios se ha triplicado, el número de enfermedades de trasmisión sexual ha aumentado de 6 a 50; la pornografía gana más que todas las entradas del deporte y entretenimientos legítimos en conjunto”. (Jorge Peña: “Paulo VI fue profético”.) Fijémonos que cuando en la Humanae Vitae se predice que aumentará la infidelidad conyugal y que los esposos verán a sus esposas como simples objetos sexuales, se nos estaba anticipando la penosísima realidad del feminicidio.
La Pastoral del Cardenal Oviedo tiene ya casi 26 años. En el intertanto, en Chile se aprobó el divorcio, se dio el pase a la píldora del día después y junto con eso, tomaron vuelo las “expresiones de inmoralidad” denunciadas por Oviedo: “Erotismo malsano y deshonesto difundido en las formas de hablar, en la música y en el bailes, en los “videos”, en el cine…”; “La deshonestidad en la administración y en los negocios, la práctica de la usura… la coima, el comercio de la droga…” “La delincuencia creciente y con el uso de violencia hacia las personas, los asaltos, el terrorismo y el impactante aumento de los delitos sexuales”. Parece que la cruda realidad descrita por el prelado viniera saliendo de la imprenta. Son los antecedentes de la “sentencia histórica” porque al decir de la Escritura: “Un abismo llama a otro abismo”.
Enfático, el arzobispo dice que “la verdadera y última explicación de este deterioro moral, hay que buscarla en el debilitamiento de la fe”. Comenzado el siglo XXI, las estadísticas dan la razón al Cardenal Oviedo. En un 15% bajaron los bautizos en el año 2011. Solo 17.430 matrimonios se bendijeron ese año; las Primeras Comuniones y las Confirmaciones cayeron en un 33 y 25% respectivamente. Para ser sinceros, ese “debilitamiento de la fe” aqueja al clero tanto como a los laicos. Pastoralmente descuidados, con una catequesis insuficiente, escuálida y rutinaria, los laicos terminan engrosando las filas pentecostales, con suerte, cuando no, simplemente desembocan en un sincretismo religioso absurdo o un agnosticismo ambiguo.
En cambio, somos un país moderno. Con ley de divorcio, ley de aborto, ley de matrimonio igualitario, hasta una ley de Protección Animal. No me venga a decir que hay 80 mil niños desertando de las aulas: Eso del Sename, del Transantiago, de los Femicidios, de la delincuencia y de la violencia en la Araucanía, etc… Es porque en todas partes se cuecen habas. Nada de eso es histórico. Es preciso usar bien el adjetivo.

 

 

Mario Noceti Zerega

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