El “Regimiento de Dragones de Sagunto” y las “Milicias” del Rancagua colonial

 

Ayer 19 de septiembre, se conmemoró en todo el país el “Día de las Glorias del Ejército de Chile”, fecha en la que se realiza en Santiago la tradicional Gran Parada Militar, aplaudida por miles de asistentes que la ven en directo en la elipse del Parque O’Higgins en Santiago, y por millones de personas que la contemplan y admiran a través de las pantallas de televisión.
Más de alguien se preguntará desde cuándo nuestro país tiene fuerzas armadas. Quizás habría que remontarse a las más primitivas: aquellas que el joven cacique araucano, Lautaro, logró formar y disciplinar medianamente, para enfrentarse al poderoso ejército de los conquistadores hispanos.
También se podría decir que la primera “fuerza armada” que se formó en la villa de Santa Cruz de Triana, actual ciudad de Rancagua, fue la pomposamente llamada “Regimiento de Dragones de Sagunto”, creada aproximadamente en el año 1785, cuyo Comandante fue el también primer Alcalde del Cabildo, don Bernardo de la Cuadra Echaverría a quién sucedió en el mando, por varios años, el Coronel don Francisco Xavier Palacios del Pozo.
Los patriotas (chilenos) todavía no se rebelaban contra los realistas (españoles). A la “Milicia de Rancagua”, junto a la de Melipilla, se le asignó la tarea de “resguardadoras del orden”, el 18 de septiembre de 1810, como lo he recordado en los últimos días en esta columna. Podrían considerarse como las primeras “fuerzas armadas” de la villa heroica, lejanas precursoras, aunque nada tienen que ver con el actual glorioso Ejército de Chile, que tomó forma definitiva durante el Gobierno del Director Supremo, General Libertador don Bernardo O’Higgins.
La Milicia de Rancagua tuvo su bautismo de fuego en el Combate del Membrillar, el 20 de marzo de 1814, en donde encontró la muerte su Comandante don Agustín Almarza, primer héroe rancagüino que murió luchando en la Guerra de la Independencia, meses antes de la Batalla del 1 y 2 de octubre.

 

(Resumido de uno de los capítulos
del libro “Rancagua en la Historia”)

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